
Ernesto nació en Rosario, casi por casualidad, pero pronto fue a vivir a Alta Gracia, lugar recomendado por sus problemas de asma. Allí transcurrió su infancia, en plena naturaleza, donde forjó su personalidad, jugó a las guerrillas y fue un muchacho más, a pesar de su enfermedad...
Hoy, en Villa Nydia, en el Alto, podemos acercarnos a esa infancia, a través de fotos y recuerdos...
Enrique Martín, uno de sus amigos de la infancia, me relata las anécdotas del pequeño Ernesto, presentándolo como un muchacho noble, solidario y, sobre todo, muy aventurero. La sierra era el escenario natural donde Ernesto jugaba, corría, cabalgaba y hacía inumerables travesuras, que posteriormente todos los historiadores se empeñaron en relacionar con su personalidad de Che adulto.
El propio Enrique me cuenta sus batallas desde las trincheras que habían construido tras la casa de Ernesto, en la calle Rosario, o cómo un día Ernesto se arrojó desde el porche de su casa con un paraguas abierto, esperando volar... y cómo en medio de los juegos, a menudo llegaba el temido ataque de asma, y los muchachos lo tenían que llevar cargado a la casa mientras Ernesto boqueaba buscando un aire que no llegaba...
Los domingos por la mañana solían hacer una larga excursión a la Sierra... llegaban temprano a la casa de los Guevara y le tiraban de un hilo atado al dedo gordo del pie que él había sacado por la ventana, para que lo despertaran...

Eran largas excursiones, a base de mate y pan..., preludio de largas caminatas en la Sierra Maestra, en el Congo, en Bolivia, sin apenas comida muchas veces, siempre con el asma acechándolo...

Texto y fotos: Joseba